Pelo suelto

Bitácora del director

Pascal Beltrán del Río

| 17 Abr 2024 - 08:56hrs

El 2 de diciembre pasado, los miembros sobrevivientes de la banda de rock estadunidense Kiss dieron su último concierto en el Madison Square Garden de Nueva York.


Casi cinco años antes, habían iniciado una gira mundial denominada End of the road (Final del camino) para marcar medio siglo de carrera musical y despedirse de su público.


Detrás de ellos quedaron 30 discos de oro, cien millones de álbumes vendidos y un catálogo cuyos derechos acaban de ser cedidos por 300 millones de dólares.


Sin tener tanto que presumir, el presidente Andrés Manuel López Obrador acaba de anunciar que emprenderá su propia gira del adiós el próximo 3 de junio, un día después de las elecciones. En su conferencia del lunes, dijo que dicho periplo abarcará las 32 entidades federativas. Explicó que es para despedirse y “sobre todo dar gracias a la gente por su apoyo, por su respaldo, porque siempre hemos contado con su acompañamiento”. Y advirtió que, al hacerlo, se va a “soltar el pelo”.


Si en el pasado los presidentes salientes solían dar espacio al candidato de su partido —cosa que López Obrador no ha hecho, pues ha seguido acaparando el escenario con sus mañaneras—, más discretos aún se volvían una vez que había presidente electo. De hecho, su antecesor Enrique Peña Nieto se lo cedió a tal punto que a ratos parecía que él ya gobernaba.


López Obrador no hará lo mismo con su sucesora. Él va a competir por la atención con quien quiera que gane la elección presidencial del 2 de junio. Y quizá también vaya a ser parte voluntaria o involuntaria del conflicto poselectoral que se está fermentando por sus reiteradas intervenciones en el proceso, a pesar de las prohibiciones constitucionales que hay al respecto.


Como digo, el tabasqueño recorrerá nuevamente el país sin haber logrado mucho. Por ejemplo, ya ha dejado ver que las obras emblemáticas de su administración están lejos de ser funcionales, al grado de que piensa dejarlas encargadas a quien lo suceda para que las finalice.


En su cabeza, no está por demás decirlo, seguramente la persona a la que habrá de entregar la banda es Claudia Sheinbaum, a quien sigue dando trato de discípula y no de la supuesta nueva dirigente de su movimiento político, como la llamó en septiembre pasado al entregarle el “bastón de mando”.


A ella no le ha quedado sino realizar su campaña a la sombra de López Obrador, repitiendo las consignas de él, haciendo suyas las posturas de él y tratando de congraciarse con él cuando el mandatario pareció molestarse por su desempeño en el primer debate de candidatos presidenciales.


Con su anunciada gira del adiós, más que a los rockeros de Kiss, López Obrador se parece al torero español Juan Belmonte, quien se hizo famoso por retirarse y regresar a los ruedos varias veces, jamás tolerando la idea de desaparecer de la vista del público. O, como decía el sevillano, sin ser capaz de resignarse a ver girar el sol sobre su cabeza.


El Presidente prosigue así su propia tradición de definir él mismo el lugar que ocupará en la historia y no dejarles esa tarea a otros. Y es previsible que mientras se pasea por el país, los problemas no desaparezcan. Incluso podrían incrementarse ante el pasmo en el que entran las instituciones cuando alguien no acaba de asumir el mando y alguien más no termina de soltarlo.


En sus Apuntes, Lázaro Cárdenas dice que, a partir de agosto de 1940, cuando Manuel Ávila Camacho ya era presidente electo, él se fue a despachar por las tardes a la Gerencia de Petróleos (Mexicanos). Es decir, entendió que quien va terminando su gestión debe ir saliendo del escenario para que quien lo suceda comience a asumir las responsabilidades y, sobre todo, para hacer comprender a partidarios y opositores que pronto habrá alguien a cargo y que con él (ella) deberán tratarlo todo.


A López Obrador alguien tendría que decirle al oído que siempre es mejor irse de la fiesta que esperar a que le digan que ya es hora de partir. Y que los meses que quedan a su gobierno debieran ser para enfrentar los serios problemas que tiene el país, no para soltarse el pelo.

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